La actividad 2, el concurso “Cifras y Lenguas”, trataba de dar a conocer algunos datos básicos sobre la riqueza lingüística del planeta y sensibilizar al alumnado sobre la acelerada desaparición de la diversidad lingüística y cultural.

La actividad tenía el formato de un concurso televisivo, con un presentador y un ayudante. El elegido para conducir el “programa” fue E, uno de los chicos del AdE, rumano, que dejó con la boca abierta al resto de compañeros pues hablaba “sin acento”. “Profe, no parece extranjero”, comentaban.

Los chavales, repartidos en 4 grupos, se enfrentaban a las preguntas sin cosechar apenas puntos. Se mostraban muy competitivos, se enfadaban por sus malos resultados y se echaban las culpas unos a otros.

Pero es que casi todas las preguntas estaban pensadas para no ser acertadas.

(presentador): Del total de lenguas que se hablan en el mundo, ¿en Europa se habla el 3%, el 13%, 53%, 63%?

(todos los grupos): el 63%
(presentador): la respuesta correcta es… ¡el 3%!
(presentador): ¿Cuál es el continente donde más lenguas se hablan?
(grupo 1, 3 y 4): América
(grupo 2): África
(presentador): La respuesta correcta es… ¡Asia!

El objetivo de la actividad era aclarar algunos de los mitos que existen sobre las lenguas (1) y mostrar una visión ecológica de la diversidad que alejase a los estudiantes de posturas eurocéntricas.

La última pregunta del “concurso” era ¿cuántas lenguas se hablan en el colegio? Y se encargó a cada equipo que lo averiguase para el siguiente día.

Según el estudio de Broeder y Mijares (2003) el 10% (unos 2.370) del alumnado participante en las encuestas utilizaba habitualmente en casa una lengua distinta a la española en cualquiera de sus variedades. Los alumnos de dicho estudio mencionaron más de 50 lenguas diferentes aunque el 91% de los que dijeron tener competencia en otros idiomas pertenecía a ocho grupos lingüísticos: árabe, inglés, portugués, chino, francés, rumano, tagalo y polaco.

Las “investigaciones” de los alumnos para averiguar el número de lenguas que se hablan en su centro dio el siguiente resultado: castellano, valenciano, cebuano, inglés, rumano, chino, árabe, búlgaro, francés, portugués, urdu, guaraní, amazight, y woolof. Catorce lenguas, de las que sólo nueve estaban presentes en nuestro taller, y sólo seis como lengua materna. No todos los grupos consiguieron el mismo número de lenguas.
¿Cómo obtuvieron la información? En general no hubo una “investigación” real y los equipos se basaron en lo que habíamos comentado durante la primera sesión; a lo sumo, algunos habían hecho ciertas pesquisas durante el recreo, antes de la segunda sesión. Sin embargo, una de las chicas contó cómo había pedido ayuda a su hermana pequeña, en tercero de primaria, que le habló de dos compañeros de clase que venían de Pakistán (de ahí el urdu); otra chica había hablado con una de las profesoras de infantil, al ir a recoger a su hermano de cuatro años y esta le dijo que en su clase había a una niña de Senegal (woolof y francés); N, el chico argelino, fue el que trajo el dato del amazight, pues era amigo de un chico marroquí que estaba en tercero de ESO. Nuestro espectro de lenguas se amplió bastante.

Al terminar el taller y hacer recapitulación otro de los alumnos dijo: “¡si jugáramos ahora al “cifras y lenguas” acertaríamos todas las respuestas!”


(1). Acerca de los mitos sobre las lenguas, Moreno Cabrera (2000) dedica una parte del libro a desmontar gran cantidad de ellos:
· Sobre la igualdad pero originalidad/no uniformidad de las lenguas:
"Y he aquí donde radica la diferencia entre las lenguas: cada una nos ofrece una perspectiva original y única de adaptación al entorno natural y cultural en que se usa" (p. 109)
· Sobre la dificultad de las lenguas:
"La cuestión de la facilidad o dificultad de aprender lenguas es un problema de mentalización y de educación" (…) "Una lengua no es difícil ni fácil en términos absolutos sino sólo en términos relativos, respecto de otra u otras lenguas que sirven como punto de partida"(p. 117)
· Sobre el prestigio de una lengua:
"Cuando despreciamos la lengua y cultura de una tribu de la cuenca del Sepik o de cualquier otro lugar recóndito del planeta por tener pocos hablantes o por carecer de escritura manifestamos una actitud que expresa un manifiesto desprecio por el hombre y por su cultura, una radical incomprensión de la naturaleza humana, un egoísmo y etnocentrismo cultural que nos empobrece intelectual y espiritualmente" (p. 149)
"Es muy fácil sospechar que las lenguas de los demás son peores que la lengua propia y muy difícil considerar lo considerar lo contrario" (p. 209).

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