El Centro Europeo de Lenguas Modernas de Graz puso en marcha, entre 2004 y 2006, el proyecto VALEUR[[#_ftn1|[1]]] (Valuing All Lenguajes in Europe). El objetivo del proyecto era desarrollar una perspectiva sobre la cuestión de las “otras lenguas”, es decir, todas las lenguas actualmente utilizadas en una sociedad, aparte de las lenguas oficiales. Esto incluye las LR, las LI, las lenguas de signos y las lenguas sin territorio, como el romaní.
Hacer frente a esta diversidad a escala europea de manera conjunta no es sencilla: algunas son lenguas oficiales nacionales y a la vez lenguas minoritarias de otros estados, como el albanés, oficial en Albania y presente en un gran porcentaje de la sociedad en Macedonia, Italia o Grecia; otras se hablan en varios países, como el árabe o el romaní; otras en zonas geográficas relativamente pequeñas, como el gallego, y a veces repartidas en distintos estados, como el frisón en el este de los Países Bajos y el norte de Alemania, o el euskera, en el norte de España y el sur de Francia. Además cada país tiene, al menos, una lengua de signos.

A la vez, durante el trabajo del equipo, se pone de manifiesto la heterogeneidad de la terminología en uso: por ejemplo, “lenguas comunitarias”, el apelativo más corriente en Gran Bretaña, se entiende en francés como lenguas de la comunidad europea y en Chipre como lenguas de las comunidades griega o turca) y algunas denominaciones tienen fuertes connotaciones peyorativas (lenguas menores, lenguas inmigrantes, lenguas minoritarias…)

El proyecto VALEUR hace especial hincapié en las LI, “puisque celles-ci constituent une nouvelle question pour de nombreux pays, dont l’actualité se fait davantage ressentir du fait de l’augmentation de la mobilité au sein de l’Europe et d’une manière globale. Il existe un soutien assez faible à ces langues, que ce soit en termes de dispositions légales (les langues migrantes ne sont pas incluses dans la Charte des langues régionales ou minoritaires) ou de structures de soutien (associations, réseaux, institutions)”.
Para ello examina el modo en el que pueden intervenir de manera productiva en su apoyo el MCERL y el PEL.

El informe del proyecto recoge una serie de buenas prácticas que rebaten la idea generalizada de que el multilingüismo constituye un factor de ineficacia en la comunicación, una amenaza para la identidad nacional o un problema en la escuela. Estos son algunos ejemplos: escuelas eslovacas en las que se usa el húngaro, el ruteno, el ucraniano y el alemán; escuelas austriacas en las que se enseña en esloveno y italiano; curriculum educativo bilingüe para el alemán y el lituano en Polonia; escuelas bilingües en zonas fronterizas, como las escuelas fino-rusas en Finlandia; pero también escuelas bilingües con nuevas lenguas con una presencia importante en toda Europa, como una escuela bilingüe china en Budapest; la revitalización a través de la escuela de lenguas regionales, como el casubio en Polonia; un proyecto austriaco para el romaní que ha conseguido aumentar su estima social y mejorado su vitalidad y las capacidades intelectuales de sus hablantes; la iniciativa de una escuela inglesa titulada “La lengua del mes[[#_ftn2|[2]]]”, que muestra cómo es posible considerar 40 lenguas en el seno de un solo centro y hasta ahora ha producido material pedagógico, basado en demostraciones de los propios alumnos de palabras y frases útiles en sus propias lenguas.
Aún con todo, del informe del proyecto se desprende que la atención a las LI sigue siendo insuficiente.

La UNESCO, con el fin de promover la comprensión internacional y la paz a través de la educación, ha puesto en marcha el proyecto LINGUAPAX , cuyos objetivos son: contribuir a la promoción de la educación plurilingüe, especialmente mediante la formación del profesorado; orientar la educación plurilingüe en la perspectiva de la cultura de la paz; elaborar instrumentos pedagógicos que faciliten la educación plurilingüe y la enseñanza de las lenguas extranjeras.

Es interesante que en este proyecto se insista en la formación de profesores, pues son ellos los que, a fin de cuentas, promueven en sus aulas modelos más o menos adecuados (como luego veremos) para gestionar la diversidad. Tal vez habría que empezar a trabajar en este sentido.

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