Normalmente los alumnos extranjeros se encuentran en una especie de isla. El AdE es donde pasan la mayor parte del tiempo y donde se sienten entre iguales. La relación con el resto de profesores y alumnos de su curso y del conjunto del colegio suele ser difícil y está sembrada de ideas preconcebidas.

Como señalan Martín Rojo y Mijares (2007), la observación de lo que sucede en las AdE muestra que estas no siempre se vinculan al resto del centro: los estudiantes tienen un grupo de referencia, pero no siempre hay coordinación entre el profesorado de un aula y otra. Si falla esta coordinación, los alumnos de estos programas “especiales” son vistos por el profesorado como participantes difíciles, perdidos o, incluso, poco aptos cuando se incorporan a sus clases de referencia.

La “isla” del AdE separa además a los alumnos que a ella acuden del contexto natural de uso de la lengua y de sus hablantes, resultando en un atraso en el aprendizaje.

Por otra parte, los alumnos de los cursos “normales” no tienen contacto con esta realidad multicultural y multilingüística más que cuando tienen compañeros extranjeros, y por una simple cuestión de número, sienten que son ellos los que deben hacer por “integrarse” en la cultura y la lengua dominante. La posibilidad de que la clase se enriquezca a través de las experiencias de estos alumnos depende en gran medida de la voluntad individual de los profesores o de la curiosidad de los alumnos autóctonos, pero son pocas las circunstancias en que esto sucede de forma natural o se fomenta.

anterior ‹ siguiente ›