En el mundo se hablan cerca de 7.000 lenguas. Pero, según señala la UNESCO, esta diversidad lingüística está amenazada por la globalización de las comunicaciones y por la tendencia a emplear una única lengua como lengua global.
Mientras que el multilingüismo constituye el orden natural, el monolingüismo corresponde a una construcción política. En Europa, sobre todo a partir del Romanticismo y la aparición de los movimientos nacionalistas, los gobiernos fomentaron la identificación de una lengua=un estado, dejando fuera del juego a muchas lenguas y culturas que también estaban presentes en sus territorios.
Pero la relación entre territorio, lengua y cultura es mucho más compleja, no es estática ni continua. A día de hoy en el mundo se han acortado considerablemente las distancias y las tecnologías permiten el acceso a la información y la comunicación.
Paralelamente se han producido en el ámbito europeo una serie de cambios que han alterado profundamente la vieja idea del estado monolingüe: las migraciones (ya sean dentro de un mismo país o transnacionales), las reivindicaciones de las minorías lingüísticas y culturales regionales y la aparición del concepto de una identidad europea emergente, promovida por el crecimiento de los intercambios, desplazamientos y cooperación entre sus miembros.
Frente a los que defienden la conveniencia del uso de una lengua franca global, el inglés (o más bien una variedad de éste que suele denominarse globish), desde distintos foros e instituciones se alzan voces que muestran una preocupación por salvaguardar la diversidad lingüística y cultural, como una seña de identidad europea y un valor efectivo de riqueza cultural.

"Ante el monolingüismo recalcitrante de las situaciones de imperialismo lingüístico hay que reivindicar el plurilingüismo y el sesquilingüismo como modelo en el que diversas lenguas y culturas están en interacción en unas condiciones de mayor o menor equilibrio" (Moreno Cabrera, 2000)

Pero aunque en general se perciba la necesidad de proteger y fomentar esta diversidad, se advierten ciertas incoherencias en el modo de abordarla, pues en el ámbito europeo se distingue todavía - y por tanto se actúa de distinto modo al respecto- entre las lenguas minoritarias regionales (LR) y las lenguas minoritarias de la inmigración (LI).
Mientras las primeras son consideradas como una riqueza, y en muchos casos se ha conseguido su revitalización a través de la escuela, las segundas siguen viéndose como un obstáculo en la integración.
Normalmente las políticas lingüísticas europeas en materia de educación promueven el conocimiento de las lenguas oficiales de la UE, proponiendo que se estudien al menos dos lenguas extranjeras. ¿Qué ocurre con las lenguas que no son oficiales?
Las LR se beneficiaron de una serie de resoluciones del Parlamento Europeo en 1981, 1987 y 1994, en las que se recomendaba a los estados miembros la protección y promoción de estas lenguas. También el Consejo de Europa redactó la Carta europea de las lenguas regionales o minoritarias, en el que se hacía referencia a la protección y promoción de las lenguas minoritarias, históricas o regionales de Europa.
En estos documentos (y por tanto en las políticas educativas inspiradas en ellos) no se hace todavía ninguna referencia a las LI.
En 1996 numerosas instituciones y organizaciones no gubernamentales firman en Barcelona la Declaración Universal de los derechos lingüísticos, donde, por primera vez, se incluyen también los derechos de los hablantes de LI. En el artículo 5 (1)se expone que todas las comunidades de hablantes son iguales y tienen los mismos derechos, independientemente de su estatus legal (oficial, regional o minoritario), pues
estas y otras diferenciaciones han servido a menudo para restringir sus derechos, más que para ejercerlos.
Otro documento inclusivo es la Declaración Universal de la Diversidad Cultural de la UNESCO (2001), que declara, entre sus artículos la necesidad de:
(Art. 5.) Salvaguardar la herencia lingüística de la humanidad y dar apoyo a la expresión, creación y diseminación del mayor número posible de lenguas.
(Art. 6.) Promover la diversidad lingüística a la vez que se respeta la lengua propia, en todos los niveles educativos y fomentar el aprendizaje de varias lenguas desde edades tempranas.
Cómo poner en práctica estas directrices y recomendaciones acerca del respeto, el fomento y la enseñanza/aprendizaje de lenguas depende de las políticas educativas de cada estado, y los resultados en los distintos estados europeos son muy heterogéneos.
A continuación vamos a ver ejemplos de acciones educativas europeas en tres vertientes, que son los tres ejes de la propuesta didáctica que propondremos: la puesta en valor del plurilingüismo, los enfoques plurales en la enseñanza de lenguas y el tratamiento de la diversidad lingüística y cultural y la integración escolar del alumnado de origen extranjero.


1. De Varennes (2001): the rights of minorities are often thought of as constituting a distinct category of
rights, different from traditional human rights. People should not create different categories of ‘language rights’ or ‘minority rights’. Such descriptive categories would only lead to further discrimination between people and groups.

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