Como hemos visto, el individuo no guarda las diferentes lenguas que conoce en compartimentos mentales completamente separados sino que desarrolla una competencia comunicativa en la que contribuyen todos sus conocimientos lingüísticos. En cada situación de comunicación concreta echamos mano de los conocimientos y estrategias más apropiadas. En este sentido el aprendizaje lingüístico es uno y se desarrolla a lo largo de toda la vida del individuo.

Pero parece que los chicos del AdE están más acostumbrados a pensar en lo que no saben que en lo que sí. Que el peso de no saber español anula todo su bagaje lingüístico. Poner de manifiesto lo que saben, su “superioridad” frente a los demás alumnos monolingües, es muy positivo para su proceso de aprendizaje.

En la actividad 7 tenían que “descifrar”, siguiendo la clave, un texto en caracteres extraños. El texto resultante estaba en catalán.
(alumno 1) Profe, ¿qué lengua es esta?
(alumno 2) ¿Es una lengua inventada?
(alumno 3) Es latín…
(alumno 1) No, es francés…
(observador) Ni lo uno ni lo otro, pero no vais mal… Mirad si sois capaces de traducirlo al español o al menos de entender de qué trata.
(alumno 4) Ya sé lo que es, es catalán o algo así, porque aquí pone “Molt”, que es mucho…
(observador) ¿Y cómo lo sabes?
(alumno 4) Es que mi madre es valenciana, y sé un poco…

Por fin, alguien pone en juego sus conocimientos de otras lenguas: En uno de los grupos está N, un chico argelino. N ha estado escolarizado en su país en francés y lo habla y lo escribe con soltura. Es el que más aporta en la traducción del cuento: a través del francés entiende “volien” (vouloir, querer), “fent” (faire, hacer), “parlés” (parler, hablar) y muchas otras palabras. Sus compañeros le felicitan todo el tiempo y él, que hasta ahora no ha participado demasiado en las actividades, se siente estimado, importante y útil.
Además, al hacer la traducción, los alumnos ponen en práctica otras estrategias: si saben que “fent” es “haciendo”, entonces son capaces de reconocer otro gerundio en una forma como “pensant”, “pensando”, porque primero identifican la terminación y luego la asocian como la española, que sí conocen “–ndo”.

Su reacción al ver que son capaces de entender un texto en una lengua con la que la gran mayoría no habían tenido ningún contacto previo es de sorpresa. A la vez se sienten orgullosos de superar el reto.

Más adelante, en la actividad 8, tienen que buscar el equivalente de algunas palabras en español en las diversas lenguas románicas. Por lo bajo preguntan a N, y a los chicos rumanos, y a las brasileñas, que tienen ventaja. Observan cómo se parecen entre sí las lenguas románicas, ven cómo muchas veces las palabras son casi las mismas, cómo se agrupan en pequeñas “subfamilias”, y encuentran con facilidad casi todas las palabras.

Después escuchamos el cuento en cada lengua. N lee en francés, R en portugués, E en rumano, L en catalán, yo en italiano y H y J, los alumnos chinos, en español. Su tímida y vacilante lectura es escuchada con mucha atención, los chicos se mandan callar unos a otros para escuchar su lengua en las voces de sus compañeros, y al final arranca un estruendoso aplauso de todo el grupo que hace asomar una sonrisa en H y sonrojar a J.

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