El trabajo era múltiple: por un lado proponer, guiar, animar y participar en las actividades y por otro observar y registrar lo que iba sucediendo, a medio camino entre la “observación participante” y la “participación completa”, técnicas de recogida de datos típicas de los trabajos etnográficos.
La “observación participante” requiere que el investigador participe en el máximo de actividades y acontecimientos posibles de la comunidad que estudia. Exige flexibilidad para aprender a mirar y a oír, para adaptarse al papel de extraño (manteniendo cierta distancia) y al mismo tiempo lograr cierta proximidad (acercándose a las motivaciones y a las razones de los observados).
En la “participación completa”, el observador asume un papel activo en el desarrollo de la actividad y en la vida de la comunidad, manteniendo su doble papel de investigador y participante.
Para recoger los datos se había pensado en un principio en una grabación, pero ante diversas circunstancias y las dificultades para conseguir las autorizaciones necesarias, pues hay una serie de normativas que protegen la imagen y la identidad de los escolares, se optó por la toma de notas en el momento y la recapitulación a modo de crónica del taller al final de cada sesión (1) . La trascripción de conversaciones que ilustran determinados momentos del taller son muchas veces reconstrucciones basadas en dichas anotaciones, pero se ha intentado que reflejen con la mayor fiabilidad posible la realidad del taller.


(1). Breves crónicas del desarrollo del taller están disponibles en la red en el blog personal de la investigadora.


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