Participaron en el taller tres profesoras: las dos responsables del AdE y la profesora del grupo de 6º de primaria.
Las tres colaboraron, de manera desigual, en los distintos juegos y actividades, aunque no tanto como se esperaba. En esto también tuvo que ver el final de curso, pues el taller coincidió con las evaluaciones finales y los profesores vieron la oportunidad de “liberarse” de la clase para dedicarse a otras cosas.

El nivel de implicación de los profesores, como hemos visto antes, es importante para que los alumnos sientan que las actividades del taller les incumben como comunidad y que no son algo aislado del conjunto de sus clases. De otro modo, el taller se vería como una más entre las actividades extraescolares del colegio (visitas a museos, charlas de seguridad vial, excursiones…).

Aún así, fue interesante- y así lo señalaron varios de los alumnos en su valoración personal del taller- cuando M., una de las responsables del AdE, contó cómo se comunicaba en la clase con los alumnos, las estrategias que ponían en marcha para lograr entenderse (dibujos, mímica…) las dificultades de los primeros días, cómo había ido viendo el progreso de sus estudiantes, qué cosas les costaban más, dónde se habían estancado algunos, qué les hacía falta para seguir avanzando… Por ejemplo, explicó cómo había acordado con los alumnos chinos, “los más difíciles” según sus propias palabras, que para comprobar si comprendían los textos que leían después los dibujarían en la pizarra, y cómo esto había sido a veces ocasión de malentendidos, pues los signos convencionales que ella y sus alumnos usaban al dibujar de manera esquemática eran distintos.

También la profesora de 6º de primaria hizo buenas aportaciones en distintos momentos, como incluir las distintas variedades del español dentro de las variedades lingüísticas de nuestro taller.

Para eso partió primero de su propia experiencia, explicando cómo una misma cosa o realidad puede tener distintos nombres en las distintas regiones de España, (en su ejemplo se trataba de un apero de labranza con nombres distintos en su pueblo y en el pueblo vecino; aprovechó también para explicar cómo evoluciona el vocabulario de una lengua, cómo nacen palabras nuevas mientras otras dejan de usarse y pueden llegar a desaparecer). Luego pidió a los alumnos de origen americano que pusieran algún ejemplo de objetos que en Madrid tuvieran nombres distintos a los que ellos usan habitualmente (salieron los ejemplos típicos: carro, tortilla, lentes…).


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