Se sabe que en una conversación cara a cara el 35% de la comunicación se hace a través del mensaje verbal y el 65% restante a través del no verbal: comportamientos paralingüísticos (tono de voz, risas, carraspeos y otros “ruidos”: susurros, bostezos, chasquidos…); proxémicos (las distancias que mantenemos o traspasamos); kinésicos (movimientos de las manos, la cabeza, los gestos…); hápticos (lo que tiene que ver con el contacto físico: besos, caricias, palmadas, apretones de manos…). Todos estos elementos se pusieron en juego en las distintas actividades de la primera sesión.

Primero los alumnos tenían que ser conscientes del significado que todos aportan al mensaje verbal el lenguaje no verbal. E hicimos una prueba:
R, una de las chicas brasileñas, tomó la palabra y, como habíamos convenido en la sesión 0, se presentó y habló de sí misma muy bajito, a toda velocidad, sin hacer casi pausas, en un tono neutro y sin gesticular. Para hacerlo tuvo que sujetarse las manos tras la espalda, porque “se le iban”.
¿Habéis entendido algo? ¿Es normal hablar así? ¿Qué es lo que pasa?
Miles de manos alzadas y la velocidad, el volumen, la entonación, los gestos salieron a relucir:

(alumno 1) Ha hablado muy deprisa…
(alumno 2) Y no se movía…
(alumno 3) … y hablaba muy bajito, casi no se le oía.
(alumno 1) Hablaba como un robot, profe.

Después R repitió su discurso, pero esta vez normalmente. Entonces entendieron casi todo: su nombre, de dónde era, con quién vivía, qué le gustaba hacer.

(observador) ¿Por qué habéis comprendido a R? ¿Habíais oído alguna vez esta lengua?

En 6º de primaria ya saben que el español es una lengua neolatina, como el francés, el italiano, el gallego, el rumano, el catalán… Su profesora les avisó:
Esto lo tenéis que saber, ¿eh?.

Todos contestaban a la vez.
(alumno 1) Porque el “brasileño” se parece al español.
(alumno 2) No es “brasileño”, es portugués. Es como habla Ronaldinho.
(alumno 3) Porque es de la misma familia…
(alumno 1) Ha dicho que se llama R, que vive con su madre, que es de Brasil…
(observador) ¿Y todas las lenguas de la misma familia se entienden así de bien? Hagamos la prueba. (Act. 4)

Salen E y D, hermanos gemelos y rumanos. Representan una de las situaciones que tienen descritas en una tarjeta. Se les nota tímidos pero a la vez orgullosos de hablar en su lengua y saber que sólo ellos la entienden.
Caminan el uno hacia el otro, se encuentran, se saludan amistosamente, charlan un rato, suena un teléfono, uno de ellos pide perdón, habla aparte con alguien, cuelga, se disculpa, se despiden y se continúan cada uno su camino.
Para la mayoría de los alumnos el rumano no es una lengua familiar, y se sorprenden mucho al haber entendido casi toda la conversación. Les tiro un poco de la lengua.

(observador) ¿Qué relación pensáis que tienen?
(alumno 1) Son amigos.
(observador) ¿Por qué pensáis eso?
(alumno 2) Por cómo se han saludado.
(observador) ¿Si no fueran amigos cómo se habrían saludado?
(alumno 1) … Pues… más de pasada.
(alumno 2) … con menos alegría.
(observador) ¿Y de qué han hablado?
(alumno 1) Se han preguntado cómo estaban, que hacía mucho tiempo que no se veían…
(observador) ¿Y todo eso lo habéis entendido sin saber ni una palabra de rumano? ¿Cómo?

Caras de extrañeza. Nunca se han parado a pensar algo parecido. En su hipótesis sobre qué está sucediendo, qué se están diciendo, ha entrado en juego su conocimiento del mundo. Es una situación comunicativa que conocen (y reconocen), saben qué es lo que se suele decir (imaginan una conversación típica: ¿qué tal todo? Bien, muy bien, ¿y tú? Hace un montón que no nos vemos. Sí, es verdad…).
Además pillaron algunas palabras al vuelo, “mama”, “timp”… aunque en realidad no hacía falta entender ninguna palabra, pues si el diálogo hubiese sido en ruso o en quechua habrían comprendido lo mismo.

Hacemos alguna prueba más. Salen una de las profesoras y otro alumno, representan su situación (una madre regañando a su hijo porque está jugando y no ha recogido su habitación ni hecho los deberes) “inventándose” un idioma. Luego otras dos chicas (una se está comiendo un bocadillo, la otra le pide un poco, le insiste y al final le convence y le da la mitad). Insisto en preguntarles qué les ha ayudado a entender las escenas: Los gestos, la entonación…

Ponemos en común lo que hemos aprendido y pensamos en cómo podemos ayudar a alguien que no habla bien nuestra lengua a explicarse o a que nos entienda mejor. Sus conclusiones se verán reflejadas en la guía que elaborarán al final del taller.

Parece que les ha gustado este modo de reflexionar sobre la comunicación. La profesora de 6º, que les da lengua, les recuerda que en clase “esto ya lo hemos dado…”. Con este pequeño juego, además, lo han experimentado.

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