Las dos profesoras del AdE se sentían muy orgullosas de la participación de sus alumnos en el desarrollo del taller. Y no era para menos.
A lo largo de las actividades quedó demostrada la “superioridad” comunicativa de los alumnos de origen extranjero. Sobre todo, en el “juego de las Tribus”.
Este juego (actividad nº 5) era corazón del taller y la parte más lúdica, pero a la vez, la más compleja de todas. Durante el diseño me asaltaron frecuentes dudas sobre su dificultad e hice algunas pruebas. El éxito o el fracaso del juego dependía de lo claras que quedasen las instrucciones, pero sobre todo de la voluntad de los participantes. Los resultados no pudieron ser mejores.

Para la primera parte, familiarizarse con la lengua y las costumbres propias, empleé bastante tiempo, explicando detenidamente grupo por grupo lo que tenían que hacer y haciéndoles ensayar.

Lo de “inventarse” la lengua fue lo que más les costó entender. Debían componer un pequeño vocabulario para la negociación compuesto por saludos y despedidas, afirmaciones, valoraciones positivas, acuerdo/negaciones valoraciones negativas, desacuerdo y fórmulas de cortesía para peticiones y agradecimientos (sí/no; bien/bueno/de acuerdo; mal/malo/de ninguna manera; hola/adiós; gracias; por favor; trato hecho) pero el resto de su “discurso” podían ser combinaciones de sus “sílabas más frecuentes”. De esta manera, si la tribu TUKU decidía que su vocabulario básico era:

sí: tu

no: nu
bien/bueno/de acuerdo: butubu
mal/malo/de ninguna manera: mutu
hola: bupu
adiós: supu
gracias: kutu
por favor: kukusu
trato hecho: susutu

Un posible modo de empezar la “negociación” sería así:
- Bupu!, blublbublbublbubub bublbublbu…, kukusu. Acompañándose de gestos.
(Que podríamos “traducir” como: Hola, nuestra tribu necesita eso que vosotros tenéis, por favor.)
Y para despedirse, algo así.
- Susutu. Kutu, kutu! Supu. (Trato hecho. Muchas gracias. Adiós)

Las “costumbres culturales” tenían que ver con tres esferas de significado: saludos y cortesía; gestos para afirmación/negación e interacción espacial y discursiva. La combinación de “costumbres” en cada tribu daba como resultado que, salvo casualidad, la primera negociación resultara fallida para todos los grupos. Por ejemplo, había tribus más ceremoniosas que declinarían la oferta o la petición de tribus más directas, por considerarlas “maleducadas”. Unas podían “invadir” el espacio personal de otras al intentar saludar, o ser corteses o llegar a un acuerdo, a través del contacto físico. Otras entenderían una negativa cuando en realidad se trataba de una respuesta afirmativa. Otras tardarían un tiempo en contestar y harían perder los nervios a las tribus más impacientes.

La primera negociación fue un fracaso, pero no por estos motivos sino porque los negociadores no siguieron las pautas que tenían marcadas (acompañarse de gestos y mímica abundantes y seguir estos pasos: saludar, explicar lo que se quiere y lo que se ofrece como intercambio, dar las gracias y despedirse). No se saludaron, no hablaron y se limitaron a enseñar lo que tenían y señalar lo que el otro tuviera en la mano.

Fueron los propios chavales los que cortaron la negociación y comenzaron a decir que no se podía hacer así, que “eso era trampa”, pues no habían hecho gestos, “no se vale señalar”, “no os habéis saludado…” Pero este primer intento sirvió de prueba para superar timideces y pulir de alguna manera el modo en que habrían de desarrollarse las negociaciones. Tras la primera ronda en que nadie consiguió hacerse con el objeto deseado hubo otro momento de reflexión.

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