¿Si nosotros, tribu Tiki, saludamos dando tres besos pero a la tribu Taka no le gusta el contacto físico, qué hacemos? ¿les besamos o no les besamos?

La respuesta es sencilla: si queremos algo de otro, tenemos que encontrar un modo de acercarnos a él, a lo mejor pasando por alto alguna de nuestras costumbres, o aprendiendo de las suyas y mostrar así nuestra voluntad de entendimiento.

Es una estrategia que ponemos en práctica en cualquier situación comunicativa de la vida real, y más aún cuando se interactúa con alguien de una culturas y lengua distinta a la nuestra (“donde fueres, haz lo que vieres”).

Si, por ejemplo, en Marruecos hay que regatear para comprar algo y nos negamos a participar en la “ceremonia” lo más seguro es que salgamos perdiendo nosotros, pues no conseguiremos el objeto en cuestión. Si en centroeuropa nos invitan a una casa y no nos descalzamos al entrar, como el resto de la familia, probablemente no nos dirán nada, pero notaremos algo extraño. Podríamos poner muchos más ejemplos.

En nuestro juego, el camino para solucionar el choque cultural pasaba por aprender de la experiencia y que todas las tribus hicieran el mismo recorrido. Un recorrido hacia ese espacio intercultural de encuentro en el que todos saliesen ganando.

Los alumnos “autóctonos” no han tenido muchas ocasiones en las que ponerse a prueba expresándose en otras lenguas y tener que negociar significados. Los alumnos de origen hispanoamericano están un poco más acostumbrados, al enfrentar su variedad de español a la variedad dominante, la de Madrid, la de sus compañeros y profesores, quienes muchas veces consideran su variedad como la forma correcta y lo que se sale de ella incorrecto.
Los alumnos que proceden de otros países y culturas y que han tenido que aprender el español “in situ” se han visto obligados a poner en práctica estrategias parecidas infinidad de veces.

Pero, normalmente, en un intercambio comunicativo como estos, en la vida real, es el “extraño” el que debe hacer todo el trabajo por hacerse entender y pocas veces su interlocutor, acomodado en su posición en la cultura dominante, hace el esfuerzo de ayudar a expresarse o de aclarar un significado o facilitar la comprensión al que no conoce bien su lengua.

El mejor momento del Juego de las Tribus fue cuando los representantes de las dos tribus fueron R, brasileña, y V, búlgara. Hablaron, gesticularon, se dieron las gracias, “charlaron”… Tan bien lo hicieron que arrancaron un aplauso espontáneo del resto de sus compañeros.

En las valoraciones finales casi todos señalaron el juego de las tribus como "lo que más les había gustado" y añadían que les había sorprendido ver cómo podían comunicarse sin hablar la misma lengua.

"Han sido muy divertidos los juegos, como inventarse un idioma con las mismas sílabas…"
"Me ha gustado mucho el de los Teke, Taka, Tiki..."
"Lo que más me gusta es las tribus, me soprendía entender que con gestos se puede entender cosas"


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