Los estudiantes del AdE:
  • número: 10
  • edad: edades comprendidas entre los 13 y los 15.
  • patrimonio lingüístico: portugués (2), chino (2), rumano (3), búlgaro (2), árabe en su variedad argelina (1). Además conocimiento de otras lenguas, especialmente francés (en el caso del alumno argelino especialmente significativo, pues es lengua de escolarización) e inglés, como resultado de su trayectoria escolar en los países de origen.
  • comportamiento lingüístico (el uso que hacen de las lengua): en el centro, en el AdE, domina el "sólo en español" impulsado por sus responsables, aunque se observó cómo la lengua propia era utilizada de entre ellos para reforzar/confirmar las explicaciones de los profesores; incluso en algunas ocasiones, estudiantes con lenguas distintas recurrían a otras lenguas conocidas para ayudar.
Fuera del AdE, en el centro escolar, la lengua propia se utiliza para marcar la diferencia con "los otros" o como un "refugio" (así lo explicaba uno de los chicos: “hablamos en nuestra lengua y así nadie puede entender lo que decimos”).
En casa, todos usan la lengua propia.
No se observó ningún síntoma de pérdida de la lengua propia, aunque es un fenómeno que suele señalarse frecuentemente entre el alumnado de origen extranjero. Así se apunta en el estudio sobre las lenguas del alumnado extranjero en la Comunidad de Madrid de Broeder y Mijares (2003), quienes llaman la atención sobre el hecho de que, a pesar de la riqueza de lenguas presente en la sociedad, nada parece indicar que las mismas vayan a seguir integrando el acervo lingüístico de sus hablantes, sobre todo de los más jóvenes.
Los chicos y chicas entrevistados para la elaboración del estudio decían utilizar su lengua de origen sólo en casa, con sus padres, y en mucha menor medida con sus hermanos, pues con ellos hablan a veces en español, lo mismo que con sus compañeros y amigos.

- ¿Por qué es importante que estos estudiantes mantengan sus lenguas? ¿Por qué la escuela debería hacer algo a este respecto?
Podríamos pensar que el mantenimiento de la lengua y cultura de estos alumnos es responsabilidad suya, de sus familias, y en última instancia de sus países de origen, y que lo que tienen que hacer en la escuela es aprender el español. Pero olvidamos que muchos de estos alumnos han nacido en España y que sus lenguas deberían ser patrimonio de todos y, en función de esta cuestión, habría que considerar, por ejemplo, que en el futuro pueden servir para apoyar la inserción laboral de muchos de sus hablantes o el desarrollo del comercio y la industria del conjunto del Estado (1) .
Aunque usen la lengua materna con asiduidad en el entorno familiar, si no reciben instrucción en ella no podrán escribirla o sólo conocerán dialectos que no les sirvan de lengua de intercambio (así ocurre con algunas variedades del beréber o con las variedades de las provincias de China). Si desde la escuela no se estimula ni valora su uso terminarán por desarrollar una actitud negativa hacia ella, de rechazo porque “no sirve para nada” y, en última instancia, se perderá.

Resto del alumnado:
  • número: aproximadamente 20
  • edad: 12 años.
  • patrimonio lingüístico: hispanohablantes, con una presencia importante de variedades hispanoamericanas (venezolana, ecuatoriana y paraguaya).
Como casos "curiosos", en la realización del taller se puso de manifiesto la diversidad oculta bajo una aparente homogeneidad: había un alumno bilingüe hispano-alemán y otros con conocimientos de la lengua familiar (valenciano, cebuano y guaraní respectivamente).

- Algunas consideraciones sobre el grupo con el que se realizó el taller:
Que el grupo estuviera formado por alumnos de niveles diferentes (6º de primaria para la clase completa, y secundaria en el AdE), fue una característica circunstancial (2) que resultó muy interesante porque añadió una serie de factores que incidieron de manera positiva en la motivación de los alumnos:
- no se conocían más que de vista, lo que se tradujo en una gran curiosidad y expectación entre los dos grupos;
- los alumnos del AdE eran menos en número pero por otro lado eran los más “experimentados” (en edad y en recorrido vital), cosa que propiciaba un aura de respeto y cierto grado de “admiración” entre el grupo de primaria hacia ellos y que incidió en la confianza y autovaloración positiva de los alumnos del AdE.
También influyó para bien el momento escogido para la realización del taller: final de curso, con las evaluaciones ya terminadas y un grado de “informalidad” de las clases propio de esos días.


(1). Martín Rojo, L., Mijares, L. (2007): “Sólo en español: una reflexión sobre la norma monolingüe y la realidad multilingüe de los centros escolares”, pg. 5.
(2). El AdE del centro sólo es de secundaria.

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