Esta pregunta la lanzó uno de los alumnos, A, levantando la mano y la voz entre el revuelo de la salida. El germen ya está sembrado: Encontrar el gusto de aprender de los demás y querer enseñar lo aprendido al resto.

Si os ha gustado el taller, a lo mejor podéis ser vosotros los que lo hagáis el año que viene con los niños de otras clases…

Fue muy interesante ver la evolución de los grupos, de la desconfianza inicial- esa separación entre “los extranjeros” y “los pequeños” de la que hablábamos antes- al compañerismo final y cómo se creó un buen ambiente de trabajo.

Los grupos de trabajo se formaron al azar, y muchos se sentían contrariados al verse separados de sus amigos. Recibían a los alumnos del AdE con recelo y me preguntaban: pero si no sabe español, ¿cómo nos vamos a entender? Primero tendréis que presentaros, preguntadle cómo se llama, de dónde es… Tendréis que ayudarle a entender lo que no comprenda bien, explicarle las cosas con palabras sencillas, hacer dibujos… Ya veréis como os entendéis bien.

La mayoría de estos chicos no están acostumbrados al trabajo en equipo. Cuando vieron que yo no elegía al portavoz de cada grupo, que las decisiones debían tomarlas por consenso, que debían repartirse ellos las tareas y los papeles… rechistaron, pero tuvieron que ponerse manos a la obra si querían sacar las distintas actividades adelante. El objetivo era darles responsabilidades y hacerles sentir que la buena marcha del taller dependía de ellos. Creo que los resultados fueron muy buenos y en la segunda sesión ya se habían superado las reticencias iniciales, ya no había miradas y cuchicheos entre dos bandos; había un grupo de chicos, sin importar de qué edad y procedencia, haciendo cosas juntos.

Así el taller se convirtió también en una experiencia de aprendizaje cooperativo, en la que los profesores, bastante sorprendidos de la buena evolución de los grupos y su trabajo, pudieron tomar de conciencia de la importancia del grupo como factor de aprendizaje.


<anterior siguiente>